Crónica de la estancia en el sikkim, escrita por Enric Català.
Capítulo I: de avión en avión.
Salimos de Barcelona el día 6 de marzo por la mañana con destino Panamá, con escala en New York y Miami.
Al facturar en Barcelona ya nos empiezan a hacer preguntas sobre las maletas,
-que si las hemos llenado nosotros, que cuanto tiempo hace que tenemos la maleta, si hemos aceptado algún objeto de alguien extraño…-, tonterías!, si fuéramos terroristas o traficantes y lleváramos una puñetera bomba a ti te lo íbamos a decir…para acabar nos hacen rellenar un papel aceptando que la maleta puede ser registrada y que todo lo que hay dentro es de nuestra propiedad.
Al fin en el avión, volamos con American airlines, el avión deja mucho que desear, no tiene pantalla para cada asiento, podríamos llamarlo el autobús volador, ya que la única diferencia entre un autobús y este avión es que este vuela y por supuesto cabe más gente.
Después de 9 horas de vuelo menos el cambio horario (6 horas) llegamos a New York.
Nos habían dicho que al llegar a los E.E.U.U los controles eran largos y pesados. Estábamos preocupados porque Roser tenía el vuelo hacia Miami solo dos horas más tarde, y yo, al día siguiente. Esto sucedió por un pequeño contratiempo al comprar los billetes online. Total, que ni controles largos ni nada, solo bajar del avión nos ponen en una cola donde un policía con cara de pocos amigos nos pregunta que venimos a hacer a su país, nos hace una foto del ojo, nos marca digitalmente la huellas dactilares i sin mirarnos a la cara nos dice bienvenidos a América!
Salimos corriendo hacia las ventanillas de American airlines para preguntar si había alguna posibilidad de cambiar uno de los dos billetes i así poder volar juntos hacia Miami. La chica de la ventanilla me emite un billete sin numero de asiento y me dice que hasta que el avión no esté a punto de despegar no sabré si podre volar. Ya no podíamos hacer nada más, así que salimos fuera del aeropuerto y vimos algunos coches típicos de los americanos, bien grandes y potentes. También los típicos taxis marca Ford que en las películas vuelan por los aires.
Fuimos a ver las tiendas del aeropuerto y compramos una cámara “go pro” por unos 100 euros menos que en España. Eso si que empieza estar bien…
Hora de embarcar, empiezan a subir al avión, y cuando faltan 10 minutos para el despegue, BINGO, tenemos asiento.
Despegamos rumbo Miami, desde el avión podemos ver los rascacielos, bonitos, pero eso queda para otro viaje.

vista aerea de bahamas
Llegamos a Miami sobre las 16:00h, recogemos maletas y empezamos a preguntar por un hotel cerca del aeropuerto. Al final decidimos coger un bus e irnos a South Beach, que está a unos 40 minutos del aeropuerto, una vez allí nos hospedamos en un hostal que no está nada mal, cama de matrimonio, aire acondicionado (hay que decir que del frio de Barcelona y New York, pasamos a los 23 grados de Miami) y baño propio, dejamos las maletas y nos vamos a comer algo, acabamos en una calle muy concurrida con muchos restaurantes cerca de la playa, elegimos un italiano. Carpacho de ternera, pizza y agua para beber. Lo curioso es que el botellín de agua costaba 8 dólares… ¿un poco caro no?
Regresamos al hostal y vemos que hay un montón de discotecas abiertas, mucho ambiente nocturno, ¡pero si es miércoles! Pasamos de fiesta y nos vamos a dormir.
A la mañana siguiente (7 de marzo) nos despertamos temprano y fuimos a ver la playa, está bien, pero a las 5:30 am no hay mucho ambiente. Cogemos un bus y de regreso al aeropuerto, Roser coge un vuelo hacia Panamá y yo espero dos horas a que salga el mío.
Capítulo II: llegada a Panamá
Ya estamos en Panamá, el aeropuerto no es muy grande y ha sido fácil encontrarnos. Comentamos que desde el avión hemos visto los enormes rascacielos que tiene la ciudad, ya nos habían dicho que era la Manhattan centroamericana.
Salimos al exterior y buaaaaa, ¡calor sofocante! Debemos estar a unos 32 grados y un 80 % de humedad!
Buscamos transporte para ir a la estación de autobuses de albrook, nos dicen que no hay transporte público desde el aeropuerto y hay que coger un taxi. Nos enteramos que sí que hay transporte público pero que se necesita una tarjeta que se compra en el centro de la ciudad, gran negocio! Total, cogemos un taxi colectivo con cuatro chicos americanos que nos cuentan que van a pasar una semana en panamá y que sólo buscan fiesta. También nos explican que han estado en Barcelona y también mucha fiesta… vaya cuarteto!
Los dejamos en el hotel, situado en el centro de Panamá, por las ventanas de la furgoneta-taxi podemos ver los enormes edificios y rascacielos integrados en unas calles mal asfaltadas y en donde el cableado eléctrico parece que se vaya a caer. Finalmente el taxista nos lleva a albrook (estación de autobuses y mega centro comercial).
Para coger el bus hacia Colón también es necesaria la tarjeta de trasporte que se compra en el centro, pero una señora muy amable nos invita a pasar con la suya (nos colamos) y ya en el bus se paga la tarifa del trayecto que dura un poco más de dos horas.
Al salir de la ciudad empezamos a ver la realidad de Panamá, mucha inversión en la capital, pero mucha decadencia en las provincias.
Como no, nos cuentan que Colón no es muy seguro, y menos de noche, así que al llegar nos subimos al primer taxi que vemos y le decimos que nos lleve a Shelter Bay Marina que es donde nos esperan los amigos del Sikkim.
Para llegar a Shelter Bay Marina hay que cruzar el canal de panamá por un puente, este se abre cuando va a pasar un barco.
Ya tenemos el primer contacto con el canal, aunque solo sea por tierra. Vemos la primera esclusa y también nos fijamos en las turbulencias del agua al llenarse las esclusas. Pensamos que para un barco de 200 metros no es nada, pero, y para el Sikkim?
Después de unos 30 minutos de espera cruzamos el canal y entramos en la zona Sherman, nos cuenta el taxista que es una zona militar, antes propiedad de los americanos (como el canal), y ahora de los panameños. Está repleta de casas semi-abandonadas. Nos topamos con una garita con tres personas vestidas de militar, pasamontañas y metralletas. Detienen el taxi y le miran el maletero. Ningún problema.
Por fin llegamos a Shelter Bay Marina, y ahí estaban sentados en la terraza del restaurante Iñaki, Pol, Marc y Maity!!! ¡¡Tremenda alegría!! No las teníamos todas de que estuvieran ya que ellos navegaron desde Bocas del Toro, y podían haberse retrasado por cualquier cosa.
Tomamos una panamá (cerveza), y bien agotados que estábamos nos fuimos al barco a cenar. Pol nos cedió su suite presidencial en popa estribor!
Al día siguiente recorrimos la marina, vimos barcos, y nos bañamos en la excelente piscina y jacuzzi.
Pasamos tres días en la marina a la espera del cruce, durante este tiempo se aprovechó para ponerlo a son de mar, es decir, hacer preparativos del barco, cuatro arreglillos, gran compra de comida, inspección, visita a la zona libre de Colón (la segunda más grande del mundo después de Shanghái) y caminatas por los alrededores de la marina, donde pudimos observar monos aulladores.
Estos monos, como su nombre indica emiten un aullido muy fuerte, nada que ver con el tamaño que tienen (no más de medio metro).
Conocimos también a los vecinos de al lado, una pareja de españoles, Enrique y Marta. Nos cuentan que en una tormenta les cayó un rayo en el mástil y se les quemaron varios equipos del Duende (así se llama su barco), estaban esperando a que les llegaran unas piezas de Florida y proseguir su viaje.
Para cruzar el canal hay que hacer una serie de papeleos, el Sikkim contrató a un agente (Roy Bravo) que agiliza los tramites y evita los dolores de cabeza del ir y venir a Colón.
Roy nos trajo cuatro amarras y cinco ruedas de coche que utilizaríamos como defensas. Nos explica que vamos a ir abarloados a otro velero.
Capítulo III: cruce del canal
Día 10, domingo, por fin empezamos el cruce.
Avisamos por radio a los prácticos, nos hacen ir entre la luz verde y roja que indica la entrada al canal, allí un Advisor (practico de barcos pequeños) sube a bordo del Sikkim y nos abarloamos a un velero de 7 metros de eslora, patroneado por un francés, Raphael. En este barco van 3 franceses mas y un americano, Raphael ha tenido que buscarse 4 marineros ya que es obligado por las autoridades del canal.
Nos explica que esta navegando en solitario desde Francia y que no utiliza ningún tipo de ayuda a la navegación, ni GPS, ni cartas, ni nada de nada. Se posiciona con la ayuda de las estrellas y de su mano. Para algunos una locura, para nosotros una gran hazaña!

Barco de raphael.
Entre charlas llegamos a la primera esclusa, delante de nosotros tenemos un buque PANAMAX, estos tipos de buque fueron construidos con la manga máxima permitida para entrar en el canal.

Roser gozando del panorama.
Comentamos con el Advisor que si este buque da avante más de la cuenta las turbulencias serán tales que nos puede crear serios problemas. Este nos dice que no hay ningún problema y que se hará lo mejor posible.
Una vez dentro de la esclusa el mecanismo a seguir es el siguiente:
A cada lado de la esclusa hay dos hombres con una sisga (especie de pelota hecha con cabo seguida de un cabito fino) cada uno, las tiran al barco, dos por babor y dos mas por estribor, entonces hay que hacerlas firme a la amarras que tenemos a bordo, cuando están listas se les avisa y empiezan a tirar de ellas. Hacen firmes las amarras a los norays y se caza hasta dejar el barco amarrado.

Enric con el cabo de popa-estribor
Se cierra la esclusa que queda por popa y empieza el llenado, en total se suben unos 9 metros de altura por cada esclusa.
Una vez subidos los nueve metros se abre la esclusa y sueltan amarras, se da avante hasta llegar a la segunda esclusa, y se repite la operación. En total hay tres esclusas de subida para arribar al lago Gatún, a 26 metros de altura sobre el nivel del océano Atlántico.
Llegados al Lago, se coge una boya, desembarca el Advisor y se pasa la noche. Al día siguiente a las 6 de la mañana viene otro Advisor, se navega por el lago Gatún hasta llegar a las otras tres esclusas que ya son de bajada, es decir, de vaciado de agua. Se hacen las mismas operaciones, pero esta vez el agua no sube, sino que baja, para llegar al mismo nivel que el Pacifico. Desembarca el segundo Advisor y por fin nos encontramos en el océano PACIFICO!!!

felicidad al llegar al pacifico
Capítulo IV: llegamos al pacifico

Foto reglamentaria allegar al Pacifico.
Después de pasar el puente de las Américas, fondeamos en playita Amador, en la salida del puerto, es gratuito, pero para desembarcar con el dingy hay que pagar una tasa.
Junto al Sikkim tenemos otros barcos que hacen lo mismo que nosotros, o que están a la espera de cruzar el canal dirección norte.
Paseamos por la zona, hay varios restaurantes y tiendas de pesca. Es hora de dar noticias a la familia y explicar un poco la experiencia de cruzar el canal, refrescándonos con unas cervezas frías en la puerta de un supermercado, donde tienen mesas y conexión wifi.
Desde Amador cogemos un taxi y vamos a panamá a pasear. Como ya explicamos en el capítulo I, Panamá es una ciudad en pleno crecimiento, en casi todas las calles hay obras, rascacielos en construcción, obreros por todas partes.
Se está construyendo un metro que atraviesa la ciudad. Hacemos bromas con el taxista explicándole lo bien que ha ido España con lo del boom inmobiliario; se le hace muy extraño que pueda pasar aquí, igual pensábamos nosotros…
Por la noche y con motivo de despedida de Maity, la mamá de Iñaki, nos pegamos una buena cena en un restaurante. De entrantes unas frituras al estilo panameño y de segundo filete mingón, filete a la pimienta y camarones, todo acompañado de un buen vino.
Casualmente en el restaurante hay una mujer cantando acompañada de un hombre que toca el piano, le decimos que si puede dedicar una canción a la mamá del grupo que al día siguiente nos deja para regresar a Menorca.
Volvemos al barco y al día siguiente Maity coge un taxi dirección aeropuerto. ¡Te echaremos de menos!
Pol, Roser y yo nos vamos en busca de unas tablas de surf, ya que en Galápagos hay buenas olas y suponemos que alquilar una tabla por varios días nos costara más que comprar una de segunda mano. En el caso de Pol, podrá utilizarla durante todo el viaje que les queda (polinesia, Australia…), volverán hechos unos Kelly Slaters. Y en nuestro caso, la venderemos en Galápagos, o se quedara en el Sikkim donde seguro que sabrán qué hacer con ella.
Una vez compradas las tablas, decidimos coger un taxi para regresar al barco. Aquí empezó la odisea.
Durante unas dos horas hicimos señas a más de 40 taxis. Ninguno quería parar. Eran alrededor de las 18h, hora punta en la que todo el mundo sale de trabajar. La mayoría de taxis iban llenos, o si estos estaban vacíos, no querían cargar las tablas.
Optamos por ir a la salida de un centro comercial a ver si teníamos la puñetera suerte de encontrar alguno.
En esas que Roser para a un coche en el que iban dos chicos (en Panamá no es nada común hacer autoestop, por el peligro de subir un extraño al coche), les pregunta si nos harían el favor de llevarnos a la playita. Acordamos que les pagaríamos 10 dólares. Dicho y hecho, en menos que canta un gallo estábamos dentro del 4×4 rumbo la playita. Agradecemos muchísimo a Robin y a su novio Rodolfo por acercarnos.
Nos quedamos un total de 6 días en la playita de amador, ya que estábamos a la espera de un parte favorable para navegar hacia el archipiélago de las Perlas.
Decidimos ir a visitar el SIDMAR (centro de simulación, investigación y desarrollo marítimo).
Pol hizo el proyecto de fin de carrera sobre la formación de los prácticos y contactó con Peter Pustaiz, que era ni más ni menos, uno de los primeros nueve prácticos panameños que tuvo el canal, y en la actualidad, formaba a todos los nuevos (el jefe).

Visita a SIDMAR con Peter Pustaiz
Nos trataron genial, nos enseñaron y encendieron el simulador que tienen allí. Casi igual que el de la Facultad de Náutica de Barcelona (estoy siendo sarcástico). Un simulador 360º, con un puente de mando real.
Como dato anecdótico mencionar que tenía unos diez proyectores de video, cada uno sobrepasaba los 50 mil dólares. Casi nada…

Roser simulando el simulador.
Aprovechamos para agradecer mucho la hospitalidad de Peter, así como sus historias de la época que paso navegando.
Parece que ya tenemos algo de viento, volvemos a poner el barco a son de mar, y salimos dirección las Perlas.

De veritat que no us podeu imaginar com es disfruten aquestes cròniques.
Ens apropeu als que restem aquí al cor de tota l’aventura.I amb la manera personal de cadascun de vosaltres.Gracies Enric.Ja friso per llegir la propera!
Gran cronica Enric! Y molt grafica la expressio de felicitat al flotar ja en aigues del pacific!